Nubes, muchas nubes y el teatro vacío de siempre.
El teatro vacío, la taquilla en ruinas, los asientos torcidos y el escenario con una luz tenue; las ventanas tapadas, la luz contenida como agua, una pequeña filtración que desaparece por una araña que se acurruca en el intersticio.
La madera podrida; las cortinas sucias, viejas, rojas y los flecos que alguna vez fueron dorados, ahora macilentos.
Tres pequeños ratoncitos se asoman por la tela rota de un asiento de terciopelo ajado, haciendo sonar los resortes al abrirse paso; sus hociquitos nerviosos huelen de un lado al otro, sus bigotes delgados vibran, sus ojitos negros y redondos, saltones y vidriosos brillan en las penumbras.
El olor a polvo removido por pasos recientes y sigilosos, el olor a humedad acumulada por años, el moho entre las tablas del piso y sobre las vigas del techo.
Como una iglesia abandonada, triste, solitaria, derruida. Como un plato de galletas a medio comer.
Y las nubes se cierran, comienza la lluvia.







bonita y tierna historia, con un dejo de tristeza !
besitos...
Puf...pude sentir el olor a humedad!
Genial tu relato, más que vívido!
besos
Vivo a una cuadra de un cine que antaño fue uno de los más grandes de la ciudad. En él, además de películas, se presentaron grupos musicales, obras de teatro y no sé cuanto festival más. Sus puertas permanecen cerradas desde hace 18 años cuando menos. Dos imponentes amazonas hacen guardia frente a las rejas cubiertas de cadenas y candados, y al fondo... al fondo el teatro vacio de siempre.
Saludos.
Hola, cómo estás, espero que bien, yo estoy bien... linda y tierna historia, adios....